Efectos de la meditación

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La meditación es egoísta y una pérdida de tiempo.

Esto lo he escuchado a menudo, pues veamos en esta publicación porqué es el acto menos egoísta y más generoso.

Una mirada científica

La forma en la que percibimos y respondemos al mundo tiene que ver con nuestro sistema nervioso, nuestro estado mental y emocional.

Cuando meditamos se reducen los niveles de cortisol y adrenalina y se armonizan los de las hormonas de la felicidad, nos sumergimos en una experiencia de expansión y estabilidad en el que este cambio en los niveles químicos nos deja como en una burbuja. Además mejora nuestro sistema inmune, disminuye la presión sanguínea y probabilidades de enfermedades cardíacas, el envejecimiento y el deterioro cognitivo.

Nuestro cuerpo es un mapa donde se esconden todas nuestras experiencias, la meditación es la tarea diaria de desenterrarlas poco a poco, limpiar, liberar.

Un cerebro que está CONSTANTEMENTE activo, en funcionamiento, reactivo, disparándose cada minuto, significa que no descansa y no se está renovando ni restaurando.

Así es como vive la mayoría de la gente hoy en día, con una sobrecarga de actividad.

¿Los efectos?: dificultad para dormir, menos capacidad para resolver problemas, mayor reactivadad, mente nublada, espesa, confusa…

Sin embargo, con una práctica diaria de meditación, aumenta y mejora la materia gris (que se encuentra en la corteza cerebral y la médula espinal) responsable de la percepción sensorial, el control muscular, la toma de decisiones, la memoria y el aprendizaje así como la regulación emocional. Ni más ni menos.

Pero además genera cambios en la estructura del cerebro, mejora de la conectividad neuronal funcional, también de la red de modo predeterminado (DMN sus siglas en inglés), que está relacionada con el pensamiento autorreferencial y la divagación mental, lo que significa que la meditación reduce la hiperactividad en esta red. Esto se traduce en una disminución de los pensamientos en bucle y la autocrítica. También afecta a la creatividad mejorando la capacidad de pensar lateralmente.

Si nos metemos en terrenos del Sistema Nervioso Autónomo, la meditación activa el sistema nervioso parasimpático, encargado de que podamos descansar, repararnos, digerir y metabolizar alimentos y experiencias.

Sin embargo hay además de todos estos datos intelectuales algo mágico en el proceso de sentarnos cada día a la misma hora en nuestro rincón. Un momento personal, íntimo con nosotros mismos, en el que miramos cara a cara a nuestra propia mente, qué somos y qué no. No tenemos la escapatoria de coger el móvil para evadirnos, es la oportunidad de enfrentarnos a la realidad de cómo es nuestra mente: inquieta, saltarina, deambulando de un tema a otro, estancada en ideas poco constructivas o vagas, distraída.

Cada vez que nos sentamos creamos espacio, aprendemos que nuestros pensamientos no son la verdad absoluta ni nos definen, que no hay control sobre la mente. Esto se refleja en nuestra vida: más amplitud, menos necesidad de controlar, más facilidad para soltar lo que no es importante ni aporta.

Cultivamos maitri, como explica Pema Chodron en su libro imprescindible “Cuando todo se derrumba”, es decir, compasión y bondad, amistad incondicional. Pero también voluntad para permanecer con uno mismo Y esto se traduce en nuestra vida diaria de muchas formas. Vemos con claridad, lo primero a nosotros mismos: ya no nos sorprendemos ni nos autoenredamos, ni seguimos tan llenos de culpa o vergüenza.

Y todo esto sólo tiene un efecto acumulativo.

Hace poco me preguntaba una alumna, ¿por qué meditar? Me explicaba que por un lado una profesora le decía que para trabajar con su neuroplasticidad cerebral, su padre, decía que todo eso del yoga no servía para nada (y era admirador de Krishnamurti) y una profe de yoga le decía que para cultivar compasión. ¿Y tú?, me preguntaba.

Ya os imaginaréis mi respuesta. “¿Yo? No es relevante. ¿Por qué lo haces tú? Tienes la información de todas esas personas, genial, pero ellos son ellos, tienen su vida y sus motivos, pero tienes que saber qué te mueve a ti. Empieza a meditar y a ver qué va saliendo”.

Así que primero…

¿Cómo establezco mi práctica de meditación?

Fácil leer y convencernos, pero ponernos en marcha…

  1. Lo primero es elegir el momento adecuado para ti, empieza con poco tiempo. Quizá 10 minutos. La hora ideal tendrás que descubrirla. Hay personas que prefieren por la mañana nada más despertarse porque sienten la mente más clara y vacía de contenidos.
    Entre las 14:00 y las 18:00 horas, según Ayurveda y los ritmos diarios, es el segundo período Vata del día. Vata se mueve rápido, ligero y cambiante. Una manera fácil de equilibrar por la tarde es meditar ya que crea las condiciones perfectas para la quietud, la estabilidad y el descanso profundo. Hazlo en cualquier momento después de haber digerido el almuerzo y antes de la cena. O una buena señal biológica de que estás lista es un bostezo: la señal de tu cuerpo que te dice que tus recursos internos se están agotando y que necesita descansar, recuperarse y rejuvenecerse.
    Otros prefieren antes de dormir como una manera de limpiar la mente y además no se sienten estresados con todo lo que tienen que hacer, como puede pasar en la mañana.
    Vivimos en sociedades que no tienen tiempos naturales de descanso integrados en su estructura diaria, así que tendremos que poner interés y un poquito de fuerza de voluntad. Establece la rutina y enseña a tu cuerpo que a esas horas (siempre la misma) toca viajar al interior.
  2. Prepárate. En la formación avanzada 300 horas tenemos un módulo dedicado a meditación y vemos cómo prepararnos según lo que nos impida entrar en ese estado. Quizá son molestias físicas, emocionales, mentales, energéticas… Cada una requiere de unas prácticas específicas. Pero independientemente de las prácticas, una buena idea es tomarte un descanso de 5 a 10 minutos antes de comenzar. Sal a caminar, bebe una infusión, estírate, haz pranayama o alguna técnica de respiración…. Dale tiempo al cuerpo y mente para que comiencen a moverse hacia dentro, libera la tensión y descansa, todo facilitará la práctica. Tendrás más alerta y menos fatiga.
  3. Termina tu meditación con gratitud. Encuentra algo por lo que estés agradecido y siéntelo plenamente en tu corazón. Luego pregúntate qué quieres experimentar el resto del día. Escucha la inteligencia que fluye a través de ti, para que tus acciones vayan al ritmo del tiempo y las demandas diarias y no dejarte llevar por el estrés. 

  4. ¡Hazlo viral! No tiene nada que ver con publicarlo en las redes. Más bien con implicar a amigos, compañeros de trabajo o familia. Nos ayuda a crear conexiones sociales más profundas. Quizá nuestra práctica es más silenciosa y personal pero siempre podemos hacer una segunda ronda donde nos apoyemos en un grupo.

  5. Suelta expectativas.
Que medites no quiere decir que tu vida se vaya a volver perfecta, cada día mejor. Aunque ya sabemos que la vida definitivamente mejora cuando estamos menos estresados y más presentes (beneficios clave de la meditación diaria). Sin embargo, la imagen de una vida perfecta que se vende como resultado de una práctica de meditación es una falsa realidad. Por supuesto que crecemos y evolucionamos, pero la perfección de nuestra realidad exterior no es el objetivo. 


¿Y entonces?

La verdadera razón por la que meditamos es por la libertad, no por la perfección. La libertad es lo que eres en cada momento, no la perfección de tu vida exterior. Los Vedas dicen que incluso el sabio iluminado debe llegar a cargar con su karma pasado. La libertad se manifiesta en la forma en que abrazamos el presente (en lugar de resistirlo) y aprendemos que la sabiduría llega al enfrentarnos cara a cara con nuestras acciones pasadas en el ahora. La libertad es la forma en que nuestra humanidad y divinidad viven en una danza gloriosa en el mundo de la dualidad. También es la forma en que miramos la poesía, la música, el arte y las maravillas creativas que hacen que valga la pena vivir la vida. La libertad viene en forma de consciencia. Que podemos ser testigos de cómo nuestros pensamientos y emociones fluyen a través de nosotros y, por lo tanto, podemos reírnos (o maravillarnos) de lo ridículo que es el drama en nuestra mente. Podemos relajar todo nuestro ser y nos volvemos receptivos a la inteligencia de la vida que fluye a través de nosotros en todo momento. En la forma en que desarrollamos compasión por nuestra propia humanidad a medida que atravesamos los altibajos de la vida.

La libertad viene en forma de desapego. En la forma en que nos permitimos ser quienes somos y lo que realmente somos porque la opinión de nadie más puede definirnos. En la forma en que dejamos de controlarnos a nosotros y a los demás para cumplir con alguna idea preconcebida de perfección externa. En la forma en que nos desapegamos de los resultados y los tempos porque sabemos que ya somos libres para dejar que la vida se desarrolle tal como es, contribuyendo de maneras insospechadas a iluminar nuestro corazón. La libertad viene en la forma de amar lo que no es digno de ser amado y de una aceptación radical. En la forma en que aprendemos a valorar nuestra idiosincrasia y aceptar las partes extrañas de nuestra vida. En la forma en que reconocemos nuestro cuerpo (¡todo!) y aprendemos a disfrutar de los pequeños y tiernos momentos que hacen que la vida valga la pena (incluso si no estamos plenamente sanos). En la forma en que abrazamos la plenitud de nuestra humanidad, nuestras luces y nuestras sombras. La vida no siempre es perfecta; en realidad, nunca lo es. Pero eso no significa que no puedas ser feliz y libre.

Se trata de libertad y no de perfección, de aceptar nuestra vida y escribir un buen guión con lo que te toca, lleno de honestidad, risas, aceptación, y “no lo sés”. La libertad para dejarnos llevar, para no saberlo todo y confiar al mismo tiempo.

Es libertad para elegir seguir meditando, seguir practicando porque eso sí está bajo nuestro control.

Cada vez que meditas compartes consciencia. Compartimos energía. No sólo entre nosotros los humanos, sino con todo. Cada vez que nos sentamos y nos conectamos con esa totalidad y toda esa energía, hay un pequeño cambio. Y en un momento en el que podríamos estar navegando por las redes y discutiendo en los comentarios, o quejándonos de algo insignificante, elegimos conectar con algo más grande que nuestra individualidad.