Para más detalle y gráfico, el libro Yoga para la calma la primera parte está dedicada a entender el SN, sus ramas, cómo funciona, etc.
Hoy profundizamos en otro aspecto fascinante más, muy útil en estos días cercanos a la Navidad en los que empiezan a saltar resortes: odiar por estas fechas, la canalización de esas emociones a través del consumismo desaforado o con comilonas, sentirnos culpables después, las dinámicas familiares, el estrés ante ciertas presencias, la tristeza por la falta de otras y un largo etcétera.
El otro día leía: Tu sistema nervioso te empuja a necesitar ciertas sustancias, a caer en ciertas actitudes, a perpetuar ciertas relaciones…cultiva el terreno para que caigas y te hace sentir culpable después.
¿No es maravilloso? Por un lado nos quita algo de culpabilidad. Por otro nos abre una puerta para entender y salir de este loop.
Todo está tejido en nuestro Sistema nervioso, nuestros vínculos y forma de relacionarnos con los demás. Puedes decir tranquilamente “no fui yo, ha sido la base de datos almacenada por este sistema lo que me hace sentirme inseguro y ponerme acto seguido a la defensiva en situaciones inocentes”.
Esta base de datos interna está llena de información que procede de experiencias pasadas y determina mucho de lo que nos ocurre hoy en día. Hace que hablar en público, salir de casa, esta relación, aquella mirada… las sintamos como algo no seguro. Se debe a aspectos no sanados del pasado.
Principalmente de la infancia
En un extracto de una entrevista de Gabor Maté con uno de sus pacientes, hoy en día rehabilitado, pero que vivió 20 años como vagabundo y drogadicto en las calles de Vancouver, Gabor le preguntaba qué le proporcionaban las drogas en aquella época y la respuesta fue:
– Confort, no me juzgaban, aceptación, comodidad, seguridad, amistad, me hacían distraerme de mis emociones.
G. M: -¿Qué le ocurre a una persona que necesita distraerse de sus emociones?
-Está sufriendo, tiene dificultades.
G. M-Las drogas te daban comodidad, amistad, aceptación y suavizaban tu sufrimiento. Eso son cosas maravillosas. Las drogas no eran el principal problema sino que intentaban resolver un problema que te hacía sufrir. La siguiente pregunta es ¿de dónde viene ese principal problema? Y ahí hay que mirar a tu infancia porque es donde todo comienza, es así de simple.
Como digo a menudo, venimos al mundo prácticamente con un sistema nervioso inmaculado y nuestras experiencias le dan forma.
Las experiencias infantiles son el blueprint o molde de todo. Cuando comienzas una relación de cualquier tipo: amorosa, laboral, etc. lo comparas con experiencias almacenadas en esta base de datos. Si de pequeña tus padres te querían pero nunca estaban y no te prestaban atención (abandono emocional), si no estaban en contacto con sus emociones y no te dejaban llorar, o fuiste víctima de abusos etc… Tu sistema empieza a codificar que amor significa no ser elegido, ser abandonada, la obligación de ser divertida y entretenida, de “portarse bien”, etc. Ideas subconscientes que te dicen lo que es el amor.
Y vamos buscando amor por el mundo con la referencia de esta base de datos. Y por eso siempre terminamos con el mismo tipo de persona. Porque inconscientemente piensas: igual puedo hacer mi pasado distinto en el presente y de esta manera reparar el pasado.
¿Os suena? Pensad en vuestras relaciones en la adolescencia o hasta día de hoy. Quizá hubo algo en un momento que os hizo cambiar. Tal vez terapia, cierta amistad, estudios, experiencias…
Ahí es donde está la belleza: podemos cambiar lo que hay en la base de datos con lo que se llama en inglés “disconforming experiences” (que podemos traducir como experiencias distintas, diferentes, alteradas).
Ahora viene lo mejor: estás experiencias no tenemos que esperar con los dedos cruzados a que nos ocurran sino que podemos crearlas a través de un proceso que me ha fascinado: convertiéndonos internamente en los padres de nuestro niño interior y darle lo que nunca tuvo.
Pero, como es un trabajo con el Sistema Nervioso no podremos hacerlo cognitivamente o con la mente (frases y convicciones) sino somáticamente, con el cuerpo, las sensaciones.
Al hacerlo imprimimos un nuevo molde o blueprint de la infancia en nuestra psique y esto significa que nuestro sistema crea un nuevo cableado, un nuevo vínculo o apego interno seguro.
Pero debe hacerse a nivel sistema nervioso. Por eso sólo el trabajo psicológico es incompleto.
Y ¿cómo se hace esto? Como muchas de vosotras practicáis yoga, estáis muy en contacto con vuestras experiencias físicas, emociones, sensaciones. Eso os facilita mucho el trabajo.
Lo primero y más importante es reconocer e identificar autónomamente, es decir, en nuestro cuerpo, cómo nos sentimos cuando nuestra parte o modo adulto está presente. Suelen ser sensaciones de estabilidad, manejo, capacidad, lidiamos fácilmente con las experiencias y fluimos con la vida. Estamos en contacto con nuestras emociones y sensaciones. A eso se le llama tono autónomo, estado vagal ventral.
Pero diferentes partes de nosotros tienen distintos tonos autónomos. ¿Recordáis la película que os recomendé, “Crowded Room”? Una maravilla que explica la fragmentación psicológica tras un trauma. Sin llegar a ese extremo, todos tenemos distintos personajes en nuestro interior, y cada uno de ellos tiene un tono autónomo diferente.
Por ejemplo, digamos que estoy en ese estado ventral, me siento adulta, capaz, estable, etc y ocurre algo. Una confrontación con un amigo o mi pareja, quien sea. En un milisegundo mi cuerpo dice: “ok, voy a comparar con otras experiencias de confrontación que tengo en la base de datos”. Imagina que esta base de datos dice: “si dices lo que piensas se van a reír de ti, o va a pasar algo malo, quizá haya daño físico, te avergüencen o abandonen”. E inmediatamente viajas en el tiempo a ese momento en que, por ejemplo, un profe te regañó en clase, tu padre te avergonzó delante de tus amigos o familiares, etc.
Viajas en el tiempo 🚀
Ya no estás en 2023 sino hace x años en ese patio de colegio.
Tu sistema nervioso se transforma y toma la forma que tenía en aquel momento.
Esto también lo podemos reconocer en situaciones más simples como cuando mientes sobre cierta cosa insignificante e innecesaria, te empeñas en llevar razón, te pones pesada para que alguien haga algo cuando realmente te da igual, o caes en un patrón con el que no te identificas (hacerte la tonta, ser la graciosa etc) Y cuando termina la situación y caminas sola hacia casa te dices: ¿por qué he vuelto a hacer eso?
Pues porque una parte de ti, de tu sistema nervioso toma el control, se hace presente.
En estos momentos es cuando ponemos en práctica este ejercicio. Sentimos en nuestro cuerpo lo que es estar en calma, seguro, estable, ser adulto, y generamos una coregulación interna.
La coregulación es cuando dos Sistemas Nerviosos (personas pero también animales) se regulan o desregulan mutuamente.
Cuando una parte joven, desregulada, de nosotros está presente podemos contactar con nuestra parte adulta y traerla al presente. De manera que los dos estados o tonos autónomos ocurran al mismo tiempo y la parte adulta conecte y regule a la parte joven. De esa manera estoy cambiando el tono autonómo de esa parte joven. Cuando lo hacemos, eso se queda como un nuevo sello o blueprint de experiencia segura en nuestra base de datos, en el sistema.
Es como reprogramar matrix.
No es “aparecer” en el momento de la confrontación con el profesor en clase sino encontrarnos en la experiencia y sensaciones que desencadenaron: cuando te sientes avergonzada, asustada, pequeña, quizá en un estado dorsovagal de bloqueo, retirada, agobiada… Mi parte adulta siente todo eso y conecta, armoniza.
Y ese armonizar y conectar no sucede en nuestro Sistema Nervioso cuando estamos de bajón y alguien nos dice que deberíamos salir a dar una vuelta. Eso NO es conectar y armonizar.
Lo que haces con el yo pequeño, asustado, es acercarte a él, sumergir un pie en su estado sin perder tu ancla ventral de la regulación para no dejarte llevar por él sino para encontrarle donde está. Eso es exactamente conectar y armonizar.
No se trata de hacer que la sensación desaparezca sino hacer espacio.
No es decirle a un niño que llora en una tienda que se calle, eso sólo empeora las cosas y desregula más. Tampoco es explicarle que tiene que regularse porque es importante y se va a sentir mejor, utilizando argumentos cognitivos en pleno estallido emocional. Se trata de ir a su nivel, encontrarle en su estado y mandarle la regulación de mi sistema nervioso, que está en calma, y escucharle, hacer y sostener el espacio, contactar con sus emociones. Y lo que ocurre automáticamente es que ese Sistema Nervioso (SN) sale de la desregulación.
Hay un libro del que he hablado a menudo El cerebro del niño, que es una auténtica maravilla. En él explican que es imposible regular o tranquilizar a un niño que está en plena turbulencia emocional con argumentos cognitivos. Sólo va a llorar más. Es más efectivo hacer contacto visual, hablarle suavemente, hacer contacto físico agradable (lenguaje del sistema nervioso, compromiso social: mirada, tono de voz, tacto) y calmarle para de esa manera conseguir lo que ambos necesitáis; relajación e ir a la cama.
Cada vez que te notas desregulada pregúntate cómo se siente tu cuerpo, tu sistema nervioso. Lo que te diga el cuerpo, no la mente. Lo que sientas, perfecto. Quizá inquieta, pequeña, asustada, enfadada, avergonzada… Ése es el SN que tienes que regular, el de cuando tenías 8 o 5 años.
Como practicantes de yoga tenemos un montón de técnicas que podemos usar para reparar en estos momentos: cierta respiración, técnica de relajación, tapping, caminar etc. Pero para muchas personas es difícil porque necesitas ser un adulto “embodied”, en contacto con tus emociones, sensaciones, muy familiarizado con tu mundo corporal y sensitivo.
Algo que entonces se puede hacer es la técnica bautizada por Daniel Siegel: SIFT, un acrónimo de “Sensation, Image, Feeling y Thought”. Buscando un espacio tranquilo y observar qué sensaciones físicas, imágenes o recuerdos, emociones y pensamientos te han invadido.
Y sin juzgar ni dejarte arrastrar por ellas, recordar sensaciones de calma. Hay un ejercicio que hago en la formación de Yoga y Trauma en el que diseñamos nuestro espacio vagal ventral, ése en el que nos sentimos seguras, relajadas, creativas, en calma. Puede ser el mar, en casa de nuestros abuelos, en una habitación de casa… Puede ser también un paisaje imaginario. Aquel que traiga de vuelta al adulto regulado a nuestro sistema nervioso. Y creamos un vínculo seguro entre el adulto y la parte niña en el que atiendo mis necesidades, me “veo” y entiendo como nadie lo ha hecho, puedo ser vulnerable, me proporciono un espacio que nadie antes me ha dado… Y de esta manera el sello o blueprint de la base de datos cambia.
Ya no buscas personas desreguladas en tus relaciones sino el tipo de regulación que tú misma te has proporcionado.
Nos devuelve el poder, la capacidad de cambiar tu circuito neuronal, tu sistema nervioso y de esa manera cómo te relacionas, cómo vives y navegas por el mundo.


